Por qué la “Barevolution” ahora sí sería viable

Opinión, Periodismo
Imagen tomada de la página oficial de Facebook de Raffi Hovanisian

Imagen tomada de la página oficial de Facebook de Raffi Hovanisian

Llegué a Armenia dos semanas antes de las elecciones presidenciales del pasado 18 de febrero. Según las estadísticas, el presidente de aquel momento y quien gobierna a día de hoy, Serzh Sargsyan, ganaría con casi el 80%. Escribí a las secciones internacionales de algunos medios españoles, no tanto por el hecho de que se celebrasen elecciones (sólo había que tirar de hemeroteca para ver el nulo interés que despertaba ese hecho) como de las posibles repercusiones de las cifras que aquí ya se barajaban. Si eres periodista y estás leyendo esto, seguro que conoces ese agujero negro al que van a parar los e-mails.

En los medios españoles no interesa Armenia ni interesan los movimientos populares sin sangre. Es triste, pero es así. El periodista Unai Aranzadi dijo hace unos días en Facebook que echaba de menos el “periodismo preventivo”. Yo también lo echo de menos y leer que no era la única me hizo odiar como nunca ese periodismo al que no interesa lo que está a punto de empezar, empieza, o simplemente ocurre de forma pacífica.

Por eso no esperaba que respondiesen, pero al menos sentí que hice lo que tenía que hacer: avisar de lo que iba a pasar, de sus posibles repercusiones y de que aquí había alguien que podía contarlo. Aun así respondió el subdirector de uno de ellos. Pero su medio era reciente y pequeño: no cubrían temas internacionales todavía.

Sólo me quedaba ponerme algo pesada a través de los pocos medios de los que dispongo, principalmente redes sociales, y me gustaría pensar que alguien recuerda que aquí la gente empezó a salir a la calle el 19 de febrero. Me arrepiento de no haber sido tan pesada como me habría gustado y como lo habría sido si a alguien hubiese mostrado el menor interés.

¿Por qué hablo ahora de la “Barevolution”? Porque vuelve. Mañana. Y porque ahora los armenios tienen más fuerza y lo saben.

Cómo nació y murió la “Barevolution”

Los principales partidos de la oposición retiraron a sus candidatos cuando supieron que el presidente volvía a concurrir a las urnas. Algunos de ellos se declararon en huelga de hambre. Sargsyan ganó con un 58.64% de los votos, mientras que Hovanissian se hizo con el 36.74%, una cifra que sorprendió hasta a él. Era evidente que si varios partidos se retiraban, esos votos irían a parar a alguna parte. Convencido del presunto fraude electoral, Raffi Hovanissian convocó manifestaciones tanto en Yereván como en el resto del país. Los estudiantes no tardaron en secundar la “Barevolution” (“Hola, Revolución”), como la llamaban y la llamarán, declarándose en huelga indefinida. La idea de que el resultado de las elecciones distaba de la realidad se extendió y votantes de todas las edades empezaron a llenar la Plaza de la Libertad de Yereván pidiendo cambios. El cantante y activista político de origen armenio Serj Tankian, conocido por ser el líder de System of a Down, escribió una carta abierta al presidente armenio en la que le pedía que disolviese el Parlamento. El presidente respondió sin decir nada convincente. Serj contraatacó. El presidente volvió a responder sin nada que decir. La diáspora se hizo eco de lo que estaba pasando y apoyó a Raffi, porque apoyar a Raffi se convirtió en sinónimo de apoyar al pueblo armenio.

Pero la “Barevolution” perdió fuerza a medida que pasaban las semanas y los meses. El líder de la oposición se declaró en huelga de hambre. No era la primera vez que lo hacía: la huelga de hambre es un recurso muy común entre políticos de la zona cuando se pierden en el laberinto y no queda salida. O cuando no queda salida pacífica. Surgieron desconfianzas y el movimiento se disolvió, en cierto modo. Yo también desconfié porque la demagogia y el oportunismo en política son más que tentadores y, cuando no te dedicas a la política, no sabes dónde empiezan y dónde acaban las buenas intenciones. Siempre he pensado que merece la pena llevarse alguna decepción, que es mejor que desconfiar de todo y de todos. Lo pienso en casi todos los aspectos de la vida. Salvo en la política.

Un día encontré al líder de la oposición cenando con su familia en un bar cualquiera de Yereván. Si ayuda: aquí nadie le llama Raffi Hovanissian. Ni Hovanissian. Ni nada que suene serio o distante. Aquí es Raffi. Para todos. Yo estaba con una chica a la que acababa de entrevistar, una conocida común. Raffi dejó de comer, se levantó para saludarla y me saludó como te saluda cualquier amigo de otro amigo antes de decirte su nombre. Se interesó por mi vida, por mi trabajo, por las razones que me habían llevado a Armenia y me presentó a su mujer y a dos de sus hijos.

-¿Y qué haces en Armenia? ¿Te gusta?

-Me encanta. Hago un Servicio de Voluntariado Europeo.

-Qué bien. ¿Y a qué te dedicas?

-Trabajo con minorías étnicas y…

-Bueno, también es periodista y te quiere entrevistar- intervino la chica sin dejarme terminar.

-¿En serio? ¿Me quieres entrevistar?- preguntó asombrado y riendo mientras era él quien me entrevistaba a mí.

-Sí, quiero hablar contigo algún día con calma.

-Vale. Pero eso tendremos que concretarlo con mi jefa, jajaja- dijo señalando a su mujer y nos despedimos.

-Esto en mi país es impensable. ¿Qué hace el líder de la oposición dejando de cenar en un bar cualquiera para hablar con una desconocida extranjera? –pregunté a la chica ya en la calle.

-Bueno, aquí también es impensable. También tenemos políticos que se sienten superiores al resto de la población, pero, ¿sabes? Raffi es diferente: él siempre está con la gente, está donde está la gente y se interesa por la vida de todos. No es raro que le veas en un bar cualquiera, como no es raro que venga a saludarte y se interese por tu vida.

Demasiado simpático. Demasiado llano. Seguí desconfiando. Desconfiando pero con una certeza: la gente le quiere. Las reticencias entre armenios hacia armenios de la diáspora son habituales. “Todos dicen que quieren volver. Pero pocos vuelven” es un comentario común que he escuchado a más de una persona cuando he preguntado por cómo se percibe al armenio de la diáspora que vuelve. Porque los hay. Raffi es uno de ellos. Volvió de Estados Unidos. Dejó una vida de lujos. Por eso es mucho más que un armenio de la diáspora y mucho más que un político.

La “Barevolution”, decía, perdió fuerza. Pero mañana vuelve. A las 19.00 Raffi volverá a estar en la plaza de siempre.

Hace unos días me escribió una chica a la que no conocía, una chica tan involucrada que está a punto de dejar su trabajo para centrarse en lo que su país quiere y necesita. Me ofreció información, vídeos, textos, fuentes, traducciones…

-Me gustaría hablar con él. Nos conocimos en un bar y dejamos una entrevista en el aire. Pero no creo que me recuerde. -le dije.

-Claro que se acuerda. Raffi nunca olvida a las personas. El 9 de abril, cuando el presidente elegido tenía que jurar, Serj y Raffi juraron a la vez. Serj lo hizo rodeado de su gente. Raffi juró en la plaza con el pueblo.

-Pero…¿por qué juró Raffi?

-Lo hizo porque estaba seguro de que había ganado las elecciones. Aquel día tuvimos muchos problemas con la policía, que había arrestado al amigo del hijo de Raffi. Hizo un vídeo a escondidas en el que unos policías hablaban de cosas raras en el coche…como que habían ofrecido dinero a Raffi y a su gente para que cerrasen la boca.

-¿Para que cerrasen la boca?

-Para que dejasen de luchar. Veían que la gente ya no se iba a callar. Vieron que Raffi había despertado al armenio dormido.

Dos motivos por los que los armenios pueden y ahora lo saben

Violencia policial en 2008

Las elecciones de 2008 se convirtieron en un reguero de sangre. La gran mancha del gobierno de Serzh Sargsyan. Convencidos de que los comicios habían sido un fraude, los armenios se echaron a la calle bajo la consigna “Struggle, struggle, til the end!”. Bajaron a la plaza de siempre. Se manifestaron. Acamparon. La policía disparó indiscriminadamente. Según datos oficiales, poco más de una decena de personas murieron aquellos días. Según cualquiera a quien se le pregunte por la calle, la cifra es un aperitivo. Sin contar presos políticos.

2008 es una fecha que marcó al país. Cada vez que pregunto a cualquiera alguna duda en cuanto a libertades de cualquier índole, la respuesta es invariable. Una joven armenia que participó en las primeras manifestaciones me explicó por qué:

-Bueno, [la policía] antes sí [te ponía droga en el bolsillo para meterte en la cárcel], pero desde 2008 esas cosas ya no pasan.

-¿Por qué es tan habitual que marquéis 2008 como una fecha clave?

-Bueno, después de lo que pasó…se dieron cuenta de que si vivimos en una democracia esto no puede seguir siendo así y empezaron a calmarse, a fomentar derechos y a dejar que la gente pueda, por ejemplo, salir a manifestarse sin miedo. Por eso ahora vamos a las manifestaciones tranquilos y nos manifestamos por todo.

-¿Se están lavando la cara?

-Algo así…

El gobierno intenta resarcir su gran mancha mientras cuelga de varias ramas y se deja llevar por carantoñas de, principalmente, Rusia (ese país que tras la independencia de Armenia adoptó una actitud paternalista y cuyo ejército domina puntos estratégicos para prevenir invasiones vecinas pero que al mismo tiempo vende armas a Azerbaiyán) y la Unión Europea.

Los 150 drams

Los armenios volverán a manifestarse sabiendo que de verdad pueden conseguir algo cuando reclaman lo que es suyo. El mes pasado, el precio del transporte público subió de 100 a 150 drams. El incremento equivale a escasos céntimos de euro, pero es un 50% de un servicio básico en un país en el que el sueldo medio es de unos 100 euros. Activistas incitaron a los usuarios del transporte público a negarse a pagar la subida. Decoraron todo autobús a su paso con pedazos de papel que censuraban la medida, se manifestaron y llenaron la ciudad de carteles con un “150” tachado. No sólo usurarios del transporte público: caras conocidas, personas con coche y bicicleta secundaron las protestas. Hubo personas que iban a las paradas de autobús a recoger a la gente para llevarla a su casa gratis, porque si algo era más eficiente que no pagar la subida era no pagar, y un armenio no sube a un autobús para no pagar. La opción es no subir.

Un conductor de marshutka resultó herido tras ser apuñalado. Los medios dijeron que fue a manos de activistas, aunque pocos creyeron esa versión. Los políticos vieron sangre y se asustaron: ese mismo día, el 25 de febrero, tras una semana de protestas, el Primer Ministro, Tigran Sarkisian, se mostró a favor de los manifestantes e instó al alcalde de Yereván, Tarion Markarian, a reducir el precio. El alcalde anunció el regreso a los 100 drams.

Los armenios celebraron su triunfo como quien gana una batalla, aunque siguieron acusando a la municipalidad de un sistema de transporte público decadente. No obstante, desde ese día, saben que pueden y, lo más importante: que su fuerza se basa en la unión, y que esa unión existe. Saben que tienen a los políticos cogidos de sus partes. Puede que me equivoque. Puede que esto quede en nada, pero creo que mañana puede empezar algo grande en Armenia.

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