Lo de dentro y lo de fuera

Miscelánea, Notas
Imagen: Fernando Vicente

Imagen: Fernando Vicente

“Quizá para vivir dentro hay que vivir fuera”, dice Javier Cercas. Yo sólo siento o digo que pertenezco a esa cosa abstracta que llaman España cuando estoy fuera, entre otras cosas, porque no encuentro una razón para sentirme española en España y porque no me apetece dar la brasa a alguien que acabo de conocer explicándole por qué odio todas las banderas o por qué me asustan verbos como “pertenecer”. A un armenio le tengo que decir que soy española, pero no tengo la necesidad ni tiene sentido que haga lo mismo con alguien de Madrid, por ejemplo. Es como si le recordase que soy bípeda.

Una sensación nueva que tiene que ver mucho con lo que cuenta Cercas, me ha quitado el sueño durante las últimas semanas: hace un par de días dije a alguien que he empezado a ver desde fuera lo de dentro antes de salir. Exactamente así. “Dame millas y millas de montañas y yo te pediré el mar”, canta Damien Rice. Después de siete meses he tomado conciencia de que mi estancia en Armenia es una etapa que se acerca a su propio final. Armenia ya no es el país del que un día me enamoré a primera vista, en el que me quedo y en el que me quedaré. Armenia ahora es ese país que pronto volverá a estar lejos.

Etapa es una palabra peligrosa, pero no podemos evitar dividirnos la vida. Y ahora, ¿qué viene? Querer saber qué va a ser de tu vida a corto plazo es otro peligro, porque esto que me pasa no es un síndrome de Ulises ni nada que se le parezca remotamente. Y eso que, como Rice, yo también he pedido que me traigan el mar, literalmente y con todas sus consecuencias. Ni siquiera puedo decir que tengo “un lugar al que volver”, sino que más bien es una necesidad repentina de encontrar mi sitio porque vivo en una sociedad que me dice que, por mucho que me sienta nómada y quiera serlo, encontrar el propio sitio es una meta que todos hemos de lograr. Supongo que al final encontrar el propio sitio no es más que encontrar el equilibrio entre lo de dentro y lo de fuera y no sentirse lejos de ningún lugar. Pero para eso el mundo tendría que tener el tamaño de un mapa.

***

En uno de los mejores diálogos de Martín (Hache) se habla de esto:

“Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país; se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañás si te mudas a diez cuadras. El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país es un tarado mental, la patria es un invento. ¿Qué tengo que ver yo con un tucumano o con un salteño? Son tan ajenos a mí como un catalán o un portugués, una estadística, un número sin cara. Uno se siente parte de muy poca gente, tu país son tus amigos y eso sí se extraña, pero se pasa.”

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