Un memorial oculto para un genocidio silenciado

Voces

En el centro de Baralet,  al sur de Georgia, ondea una bandera armenia. El pueblo se prepara para recordar a las víctimas del genocidio armenio, como cada 24 de abril. Esta vez es especial: noventa y nueve años han pasado desde que el gobierno de los Jóvenes Turcos iniciase las matanzas y deportaciones que acabaron con la vida de un millón y medio de armenios.

-En esa montaña han escrito ‘99’ con piedras. Mañana todos caminarán hacia el memorial y encenderán 99 velas -dice Garik Karapetyan, mientras señala Pahakateli, una montaña en la que cuesta interpretar los números.

En los clareos de un bosque cercano a Baralet, el coche de Garik reta a la gravedad por momentos.

-¿Tenéis miedo? –pregunta Garik con una sonrisa burlona.

-Un poco –respondo.

-No te preocupes, mi papá siempre ha conducido por la montaña –aclara Yevgine.

Cuando no podemos seguir avanzando, Garik para el coche y seguimos a pie hasta llegar a un lugar oculto en Pahakateli. Varias piedras y cruces conforman el segundo memorial del genocidio más antiguo después del de Yereván. El monumento no se ubica aquí por casualidad:

-Tuvimos que hacerlo a escondidas porque el gobierno no nos dejaba. Por eso fuimos poco a poco y tardamos tres años.

¿Por qué no les dejaban?

-Eran tiempos soviéticos y además estábamos en Georgia –aclara Garik.

Aunque se les prohibió construir el memorial, solo recibieron una llamada telefónica del gobierno regional y, una vez terminado, nadie hizo nada:

-Llamaron y nos dijeron que no podíamos hacer eso. Solo dijeron que no lo hiciésemos. Sabían que lo íbamos a hacer. Pero ya lo estábamos haciendo. Cuando ya estaba terminado nos dejaron en paz. No dijeron nada.

Garik señala un árbol aislado que ha quedado dentro del monumento:

-Este árbol era pequeño cuando empezamos. Le han caído piedras enormes encima, pero ninguna ha podido con él. Aquí sigue.”

Varios hombres del pueblo decidieron construir este memorial en 1968 para recordar a las víctimas del genocidio. Todos hicieron un poco. Los niños también ayudaban cuando terminaban de trabajar en el campo. Cada veinticuatro de abril, todos los armenios de la región de Javakheti acuden al memorial. Los niños de la escuela también visitan el monumento con sus maestros.

Garik tenía catorce años cuando empezaron a construir el memorial. Uno de los hombres que decidieron construir el monumento, Vaghinak Beruyanyan, murió hace poco cuando un árbol cayó sobre su coche. Cuenta Garik que Vaghinak siempre llevó una barba enorme y que solía decir “me afeitaré cuando la parte de Armenia que tiene Turquía vuelva a ser nuestra.”

A este pueblo no ha llegado nadie de la parte turca. Nadie vino huyendo del genocidio. Los armenios ya convivían aquí con griegos antes de que llegasen los georgianos.

Garik saca unas velas y unas cerillas de su bolsillo. Encendemos las primeras velas.

 



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