Las trampas del silencio

Voces

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Han pasado cien años desde que Arevaluys salió del Imperio Otomano, en brazos y escondiendo el dinero de sus abuelos en los zapatos. No me atrevería a decir que se salvó del genocidio armenio. El día que la conocí, en su casa de Ereván, algo se rompió dentro de mí. Sentada en su sofá, con la mirada perdida, la anciana deslizaba entre sus manos las cuentas de un rosario. A menudo tengo la impresión de que a las abuelas les alivia rezar el rosario porque así consiguen que pase el tiempo sin pensar en nada más.

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Las señoras que hacen pan para atraer la paz (y a los turistas)

Huellas

Cualquiera que haya visitado Armenia las conoce. Son las abuelas que, a diario, exponen el pan ‘gata’ a la puerta del monasterio de Geghard. Viven en pueblos cercanos y elaboran el pan en el horno ‘tonir’ de sus casas. Tan típico es de esta zona, que muchos panes traen inscrito el nombre del monasterio, además de otros dibujos que muestran la faceta más artística de estas señoras panaderas, tan famosas entre los turistas.