El destino es lo de menos

Crónicas, Lugares y momentos, Periodismo

“Y si te llevo por un camino equivocado, es porque tú

así me lo has pedido desde el principio”

Armenia, Henrik Nordbrandt

Publicado en FronteraD

Las primeras gotas de un ensayo de diluvio humedecen una pequeña aldea armenia. Caminamos con la convicción de llegar a Ambert, una fortaleza levantada en el siglo séptimo. Da igual: caminamos. Suele ocurrir que en Armenia importa menos el destino que el trayecto y la distancia, por corta que sea en un país que los mapas prometen pequeño, siempre deviene eterna. Aquí las indicaciones son contingentes. No es que el extranjero se pierda con frecuencia: a menudo los armenios tampoco saben a dónde irán a parar, pero su optimismo circulatorio les lanza a la aventura. Tampoco es una percepción precipitada. Desde que vivo aquí hay un momento común a todos mis viajes dentro del país que sucede, como mínimo, una vez.

Sobrevivir (II)

Crónicas, Periodismo, Voces, Voces de ahora, Voces del genocidio

(Viene de la primera parte)

Iskuhi prepara el khorovats, un plato tradicional armenio a base de verduras asadas en la barbacoa. Separa la piel de la berenjena con la ayuda de un pequeño cuchillo. Las yemas de sus dedos están ennegrecidas por lo que dejó el fuego. La piel transparente y manchada. Las venas tan azules que parecen transportar un mar profundo en vez de sangre. Los huesos buscan rasgar una superficie accidentada, como si sus manos hubiesen estado durante un siglo a remojo. Movses observa el proceso ensimismado.

El escalador que renunció a la roca para protegerla

Crónicas, Periodismo

Fragmentos de “El escalador que renunció a la roca para protegerla”. El texto completo aparece en el número 32 de la revista chilena Escalando.

La primera vez que Mkhitar Mkhitaryan escaló era un niño de diez años encaramado en un poste del tendido eléctrico en Gyumri, una ciudad armenia arrasada por un terremoto. Esa era su montaña y la ascendía con la tranquilidad que da disponer de un par de horas de electricidad a la semana.

El cañón de las palomas armenias

Crónicas, Fotografía, Lugares y momentos

Artículo publicado en FronteraD

Aghavnadzor, a las cuatro de la tarde, parece un pueblo fantasma. Sobre casas derruidas y camionetas Lada abandonadas flota uno de esos silencios que anuncian que algo está a punto de ocurrir. Es comparable a la quietud de las palomas justo antes de lanzarse estrepitosamente contra el aire. Aghavnadzor significa “el cañón de las palomas”; sin embargo, no vemos ni una. Junto a la aldea, un cauce seco cumple la función de vertedero. Vacas escuálidas custodian la entrada y el acceso, sin asfaltar y embarrado, resulta poco practicable para el pie haya olvidado las irregularidades de la naturaleza.