Su barba, su revolución

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Larga o corta, la barba en el rostro del guerrillero constituye una especie de mensaje, el cual viene a decir que en ese momento solo importa la lucha…

WOJCIECJ JAGIELSKI

Al otro lado del objetivo. Allí está, al fin, Sasun Papik. El abuelo me mira fijamente, como si supiese que llevo un año intentando cruzarme con él o llevase un año esperándome en la Plaza de la Libertad de Ereván, con la misma pose que la estatua del poeta Tumanyan, sobre la que se apoya. Como si, aquí, hubiese sido asidero de la nieve y talud del deshielo desde los últimos coletazos de la Unión Soviética.

El matrimonio que celebra el aniversario de Khachaturian

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En el bajo del número 17 de la calle Khachaturian, en Yereván, una mano se agita insistentemente tras una ventana, como si, quien está al otro lado del cristal, supiese lo que hemos venido a buscar. Mediante gestos, nos decimos algo así como “hola, ¿podemos pasar?”; “venid, venid”. Vartush y Meruzhan nos llevan a un salón repleto de retratos y de pechos al descubierto pintados al óleo. No dejan de sonreír. Están felices. Este año, 111 años después del nacimiento del compositor armenio, nadie había venido todavía a celebrar con ellos el aniversario de Aram Khachaturian.

El niño que vino a acabar con todo

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Hola, me llamo Aleks y si llego a ser más bonito rompo la cámara. O algo. Soy el hermano de la niña que vino a terminar el mundo y he venido a acabar con todo. Tengo la impresión de que los bípedos intuyen mi estrategia y, cuando me acerco a la mesa, varios pares de manos enormes barren todo y platos, vasos y cubiertos acaban en en lado opuesto del mantel. Yo gateo por debajo de la mesa, salgo junto al sofá y, cuando me giro, todo ha vuelto a su sitio.

Hacia las entrañas del mundo

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El hombre que excavó un templo subterráneo para guardar patatas y salvar a la Humanidad

En el invierno de 1985, el hambre amenazaba a Arinj. Tosya hizo acopio de patatas para que la familia subsistiera durante meses. Pero necesitaba un lugar amplio y fresco en el que guardarlas. Levon eligió un punto exacto en el suelo de su casa  y clavó el cincel. Comenzó a excavar y no paró hasta que, veintitrés años después, su corazón le dijo basta y le dejó tumbado junto a la puerta.