Ha nacido ‘Heridas del viento’

Miscelánea

Hace algo más de dos años nació este blog, me fui a vivir a Armenia y empecé a escribir lo que quise que algún día fuese libro sin saber muy bien cómo se hacía eso. Me dediqué a viajar por el sur del Cáucaso, a escuchar y a escribir. Cuando me di cuenta, aquello ya tenía forma y título. Yo quería que aquel primer hijo tuviese un nombre escueto. Se llamaría ‘Voces’, como la parte que incluye varias historias sobre el genocidio armenio y otras tragedias del siglo XX que fueron moldeando al armenio de hoy.

Empecé a incluir, a modo de epígrafes, acepciones del DRAE que diesen un poco de sentido a los títulos de cada parte del libro: Silencios, Voces, Estelas y Líneas. Fue así como di con uno de esos poetas anónimos que encuentran refugio en los diccionarios. La  tercera acepción de ‘voz’, según la RAE, dice: “Sonido que forman algunas cosas inanimadas, heridas del viento o hiriendo en él”. Y entonces lo vi.

Lo de las granadas ya lo contaré otro día.

Por lo pronto, ‘Heridas del viento’ ya está a la venta en Amazon (aquí). Podéis leer el prólogo de Ander Izagirre pinchando la imagen de cubierta. No puedo dejar de aprovechar esta entrada para felicitar al prologuista: Ander acaba de ganar el Premio Europeo de Prensa. Quienes ya lo han leído dicen:

El libro Heridas del viento, de la periodista y antropóloga Virginia Mendoza, es como un mapa: nos guía a través de los minúsculos pueblos de Armenia para que no nos perdamos y nos traslada a sus carreteras secundarias para que conozcamos mejor a sus habitantes. Mendoza nos acerca a la historia de este país olvidado a través de relatos mínimos en los que el azar juega un papel importante, a partir de de textos íntimos que nos envuelven como si se tratara de los cuentos de Las mil y una noches. Álex Ayala Ugarte, periodista

 

A los que conocemos los lugares sagrados de Kor Virap, Geghard y los Jachkars nos atrapa su prosa haciéndonos revivir con más intensidad, si cabe, aquellas escapadas al embeleso ante el viejo monte Ararat con sus sempiternas barbas canas. A los que no han tenido la oportunidad, con solo la lectura se transportarán a la cima para contemplar no solo Erevan sino toda la cuna de la Humanidad. Jesús García Castrillo, lingüista

 

Mendoza se interesa por personas que se asoman a mundos extraños, personas que se mueven entre la investigación y la locura, el arte y el delirio, el estudio y la obsesión, y su respeto vuelve a ser fructífiero: en las historias que cualquiera descartaría por disparatadas, o que cualquiera caricaturizaría por extravagantes, ella encuentra pepitas de oro. Ander Izagirre, periodista

 

Es un libro difícil de clasificar porque es un reportaje periodístico, un cuaderno de viaje y un estudio antropológico a la vez. Una obra muy recomendable para quienes disfruten leyendo para aprender y conocer al Otro. Tania Baeza, periodista y coautora del blog ‘De lectura obligada’

 

He habilitado una nueva cuenta de correo para que, en caso de que no podáis comprar el libro online o lo queráis tener dedicado, contactéis conmigo y veamos la mejor manera de hacéroslo llegar, en persona o por correo: cuadernoarmenio@gmail.com.

Para comprar ‘Heridas del viento’:

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El poeta que paró una batalla

Líneas

Imagen de Tumanyan que ilustra la cubierta de ‘Heridas del viento’ / Lucas Pérez Monsalvo – Naverey

Un día como hoy, en 1869, nació Hovhannes Tumanyan, el poeta que pone Rostro a la cubierta de ‘Heridas del viento’. Comparto un fragmento de la crónica ‘El bombardeo que parecía un juego` (incluida en del libro), en la que aparece el poeta de los armenios. 

En las inmediaciones de las fronteras ocurre lo mejor y lo peor del ser humano. Es ahí donde todo se funde o colapsa, donde se mezclan los idiomas y los rasgos, donde el odio adquiere las características de un ser vivo que nace y muere.

Las trampas del silencio

Voces

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Han pasado cien años desde que Arevaluys salió del Imperio Otomano, en brazos y escondiendo el dinero de sus abuelos en los zapatos. No me atrevería a decir que se salvó del genocidio armenio. El día que la conocí, en su casa de Ereván, algo se rompió dentro de mí. Sentada en su sofá, con la mirada perdida, la anciana deslizaba entre sus manos las cuentas de un rosario. A menudo tengo la impresión de que a las abuelas les alivia rezar el rosario porque así consiguen que pase el tiempo sin pensar en nada más.

Las señoras que hacen pan para atraer la paz (y a los turistas)

Huellas

Cualquiera que haya visitado Armenia las conoce. Son las abuelas que, a diario, exponen el pan ‘gata’ a la puerta del monasterio de Geghard. Viven en pueblos cercanos y elaboran el pan en el horno ‘tonir’ de sus casas. Tan típico es de esta zona, que muchos panes traen inscrito el nombre del monasterio, además de otros dibujos que muestran la faceta más artística de estas señoras panaderas, tan famosas entre los turistas.

Lápidas que resumen vidas (3)

El arte de contar historias en los cementerios armenios

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El Khojorni, al sur de Georgia, viven y mueren armenios, azerís y griegos. De sus tres cementerios, el más antiguo quedó dividido por una frontera.

Junto al cementerio armenio, un hombre pasea a dos enormes cerdos, algo habitual en el Cáucaso. Entre las tumbas, desde fuera del cementerio, destaca la imagen de un hombre que posa, en chándal, sentado sobre un banco.