La niña que vino a terminar el mundo

Estelas

Sona dibuja soles a pares. “El mundo necesita más luz”, dice, mientras dibuja una casa y una familia. Una obra habitual a su edad que pasaría desapercibida si Sona no se tomase la licencia de dibujar dos soles sobre su casa. Tiene dos años y medio y una obsesión temprana, un horror vacui desaforado: siempre falta algo y está en su mano terminar todo lo que el mundo deja a medias.

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