Sobrevivir

Voces

Él nunca bebía café. Ha aprendido a prepararlo por una sola razón: para que ella desayune en la cama cada mañana. Él tiene ciento tres años. Ella no sabe cuándo nació. “Supongo que es mayor o menor que yo”, dice él. Cuando ella empieza a reír a carcajadas, él ya está pensando la próxima broma: “seguro que sus padres lo sabían”. Cuatro años de compromiso y ochenta riendo. “No podíamos hablar porque si hablábamos nos teníamos que besar. Ni un beso me dio en cuatro años. ¡Ni uno!”

La niña que vino a terminar el mundo

Estelas

Sona dibuja soles a pares. “El mundo necesita más luz”, dice, mientras dibuja una casa y una familia. Una obra habitual a su edad que pasaría desapercibida si Sona no se tomase la licencia de dibujar dos soles sobre su casa. Tiene dos años y medio y una obsesión temprana, un horror vacui desaforado: siempre falta algo y está en su mano terminar todo lo que el mundo deja a medias.