Sobrevivir

Voces

Él nunca bebía café. Ha aprendido a prepararlo por una sola razón: para que ella desayune en la cama cada mañana. Él tiene ciento tres años. Ella no sabe cuándo nació. “Supongo que es mayor o menor que yo”, dice él. Cuando ella empieza a reír a carcajadas, él ya está pensando la próxima broma: “seguro que sus padres lo sabían”. Cuatro años de compromiso y ochenta riendo. “No podíamos hablar porque si hablábamos nos teníamos que besar. Ni un beso me dio en cuatro años. ¡Ni uno!”

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