Los rostros de ‘Heridas del viento’ (2): Hasmik

Estelas

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La sombra de Hasmik es corta y tiene la forma de un boomerang. Su silueta es convexa o cóncava, según se mire desde dentro o fuera de una tumba. A Hasmik le lloran los ojos incesantemente y, cuando me pregunto si será por el sol o por el tiempo, ella lo llama enfermedad. En verano pasa tanto tiempo en el cementerio que, cuando algún gesto la obliga a estirar la piel oscura, en su entrecejo surgen trazos blancos y verticales. Por lo menos tres. Flanqueada por un bastón y una hija, la anciana retoma la jornada laboral tras el almuerzo. Toma asiento sobre una de las piedras que se desparraman a la sombra de una pequeña capilla, junto a los cristales que los visitantes rompen de manera ritual para espantar al miedo. La abuela, con agujas de tejer y lana deslizándose por sus dedos, continúa tejiendo unos guantes marrones.

Con ochenta y tres años, Hasmik acude al cementerio todos los días del verano desde hace años. Aquí teje calcetines, gorros, guantes, todo aquello que la cordura impediría utilizar a cualquiera en verano en Armenia.

Hasmik, con voz temblorosa y ojos húmedos, comienza a cantar una canción que suena como suena un dolor tenue.

—¿De quién ha aprendido la canción? —trato de saber.

—Son canciones populares de nuestro tiempo. Ahora sólo cantan cosas como ven, te voy a querer; ven, te voy a besar. Mi marido era un cantante absoluto. Él me la enseñó. Cantábamos y bailábamos juntos. Hace tres años él se durmió y yo sigo aquí. Es que está en un mundo sin gas ni electricidad. ¡Cómo voy a querer ir! Que pongan electricidad y ya iré.

 

Fragmento de un texto incluido en ‘Heridas del viento’. El libro está a la venta en:

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Madrid: Librería Monpassa

Pamplona: Librería Katakrak

Salamanca: Librería Letras Corsarias 

Alicante: Librería Pynchon&Co

Elche: Librería Séneca

Pedidos directos: cuadernoarmenio@gmail.com

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El poeta que paró una batalla

Líneas

Imagen de Tumanyan que ilustra la cubierta de ‘Heridas del viento’ / Lucas Pérez Monsalvo – Naverey

Un día como hoy, en 1869, nació Hovhannes Tumanyan, el poeta que pone Rostro a la cubierta de ‘Heridas del viento’. Comparto un fragmento de la crónica ‘El bombardeo que parecía un juego` (incluida en del libro), en la que aparece el poeta de los armenios. 

En las inmediaciones de las fronteras ocurre lo mejor y lo peor del ser humano. Es ahí donde todo se funde o colapsa, donde se mezclan los idiomas y los rasgos, donde el odio adquiere las características de un ser vivo que nace y muere.

Lápidas que resumen vidas (3)

El arte de contar historias en los cementerios armenios

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El Khojorni, al sur de Georgia, viven y mueren armenios, azerís y griegos. De sus tres cementerios, el más antiguo quedó dividido por una frontera.

Junto al cementerio armenio, un hombre pasea a dos enormes cerdos, algo habitual en el Cáucaso. Entre las tumbas, desde fuera del cementerio, destaca la imagen de un hombre que posa, en chándal, sentado sobre un banco.

Lápidas que resumen vidas (2)

El arte de contar historias en los cementerios armenios

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Una cita del poeta Hovhannes Tumanyan recibe a visitantes y a difuntos en el cementerio de Berdavan, una aldea armenia que limita con la frontera azerí. ‘Bendito el que viene al mundo y se va del mundo siendo humano, intachable’, reza el arco de entrada. Nos acompaña Venera, la maestra de física del colegio de Berdavan. Es una mujer menuda, de ojos tímidos, gafas de científica y barbilla prominente.

Yazidis: los adoradores del pavo real

Etnias

[El verano pasado conviví durante unos días con una familia yazidi semi-nómada en Armenia. Comparto algunos fragmentos de la crónica ‘Los adoradores del pavo real’, que explican, resumidamente, la curiosa amalgama de creencias por la que las persecuciones están derivando en un genocidio. Espero que sirva para aplacar prejuicios: ni son satánicos, ni celebran misas negras, ni perpetran sacrificios humanos. La historia completa aparece en ‘Heridas del viento‘. ]