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Un mundo pagano en la buhardilla

Estelas

No ve nada, no oye nada.

Está lejos de todos nosotros,

en un universo pagano.

VIRGINIA WOOLF

La casa de Lusik Aguletsi podría ser ella misma si Lusik fuese morada. La mujer es menuda y, manchada de pintura de tantos colores, parece un lienzo que hubiese caído en manos de Pollock. Camina enfundada bajo un gorro tradicional armenio, que sujeta con un pañuelo negro, anudado bajo su mandíbula. Sus ojos son directos y profundos como para albergar todo el mundo del que su buhardilla es miniatura. Cuando habla, sus ojos no dejan de mirar de un lado a otro; barren con delicadeza la cara y el cuerpo de su interlocutor. Porque ella no observa: analiza. A veces deja las pupilas quietas, entorna la boca y sonríe mostrando la parte superior de una dentadura perfecta. El cutis, el pelo, toda ella, irradian una belleza madura y joven a la vez. Como si pudiese hacer con el tiempo lo que le diese la gana.

Todo lo que permanece alrededor de ella es armenio por tradición. Infinidad de antigüedades de las que durante años ha ido haciendo acopio, mientras recorría aldeas con su marido en busca de la historia de Armenia, se agolpan en las paredes, en el suelo, como si su dueña temiese el vacío o la pared lisa y blanca. El cuarto al que nos conduce es oscuro y frío. Se sienta a la mesa y empezamos a hablar en torno a una fuente de madera, colmada de frutos secos y frutas deshidratadas, que tiene la forma con la que los armenios entienden la eternidad. Como una espiral que es una réplica del sol y del fluir de la vida.

—Hay personas que no puedes ver, pero están en tu imaginación. Los buenos y los malos. Cuando ves a alguien con ojos malos lo sabes. ¿Qué es Halloween para ti?

—Originalmente, una forma de alejar los malos espíritus y mantenerlos contentos.

—El significado es que tarde y noche ellos viven bajo tierra y luego salen. Nosotros también tenemos ese tipo de gente en Armenia.

—¿Quiénes?

—Ellos. Hace unos cincuenta años, los chicos, de veinte y trece años iban a casa de sus vecinos, tocaban a las puertas. Cantaban, se llevaban comida, flores…

Nos trasladamos a otra habitación. Lusik muestra los cinturones metálicos que ha reunido hasta hoy, un complemento importante en la tradición de su país. Ahora, la fuente de los frutos reposa sobre las fotocopias que hacen las veces de documentación para los libros que Lousik está escribiendo. Ofrece vino antes de subir a la buhardilla.

Cuando la mujer sale de habitaciones sobrecargadas de antigüedades armenias, ascendemos por unas escaleras, estira su breve cuerpo hasta el techo y empuja una puerta de madera. Así abre su imaginación, su mundo: el mundo pagano que ella ha creado y guardado en el ático de su casa, repleto de muñecos hechos por ella misma con paja y tela que representan a deidades paganas. Los dioses de Lusik son previos a los dioses armenios pre-cristianos, equivalencias de la Antigua Grecia en la Armenia politeísta. Sus muñecas representan, en su mayoría, fenómenos naturales.

Más de cincuenta muñecos se agolpan entre cuadros. Son las figuras que, dice, portaban los niños cuando salían a la calle a buscar, puerta por puerta, comida.

—Se llamaba Barekentan y era como Halloween, pero armenio. Tras adoptar el cristianismo, esos dioses se convirtieron en muñecos.

Lusik presenta a algunos de sus dioses y espíritus a medida que pasamos junto a ellos.

El dios del pan, con espigas de trigo.

Un ser alado, espíritu de la escritura.

Un dios de alas extendidas cuyo número, dice, es seis seis seis.

—¿Satanás?

—No, Satanás está en otro sitio. Ahora lo vemos.

[…]

Este es solo un fragmento de ‘Un mundo en la buhardilla’. La historia completa aparece en ‘Heridas del viento. Crónicas armenias con manchas de jugo de granada’.

Como pillé a Lusik pintando y no pude retratarla con el atuendo armenio, comparto este vídeo de TVMSKH para que podáis verla como a ella le gustaría:

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Doble promoción de agosto

Miscelánea, Voces

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Estos días, afectada por un calor abrasador, tiro la casa por la ventana y la ventana por la piscina.

Estoy sorteando un ejemplar de ‘Heridas del viento’ dedicado en Goodreads y el ebook se puede descargar gratis desde Amazon (hasta el 10 de agosto).

El sorteo finalizará el 13 de agosto a medianoche y es válido para usuarios de Goodreads que vivan en España.

Puedes participar aquí:

Goodreads Book Giveaway

Heridas del viento by Virginia Mendoza

Heridas del viento

by Virginia Mendoza

Giveaway ends August 13, 2015.

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Para descargar el ebook o comprar un ejemplar en papel, aquí 
Para que vayáis abriendo boca, os dejo esta reseña que publicó Una antropóloga en la luna y que resume muy Armenia y lo que allí me contaron.

Sorteo de ejemplares de ‘Heridas del viento’

Miscelánea

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Si eres usuario de Goodreads, si vives en España…esta es tu oportunidad de conseguir ‘Heridas del viento’ de manera gratuita. Estoy sorteando DOS ejemplares en esta red social hasta la medianoche del 30 de junio.

Para participar, sólo tienes que estar registrado en Goodreads, entrar en la ficha del libro y pinchar ‘Enter giveaway’, dar tus datos y esperar. También puedes hacerlo desde este widget:

Goodreads Book Giveaway

Heridas del viento by Virginia Mendoza

Heridas del viento

by Virginia Mendoza

Giveaway ends June 30, 2015.

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at Goodreads.

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Cuando finalice, Goodreads me enviará los nombres de los ganadores y os mandaré los ejemplares en un par de días, dedicados y con marcapáginas.

¡Suerte!

Para todo lo demás, el libro está aquí:

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Madrid: Librería Monpassa

Pamplona: Librería Katakrak

Salamanca: Librería Letras Corsarias 

Alicante: Librería Pynchon&Co

Elche: Librería Séneca

Pedidos directos: cuadernoarmenio@gmail.com

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Los rostros de ‘Heridas del viento’ (2): Hasmik

Estelas

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La sombra de Hasmik es corta y tiene la forma de un boomerang. Su silueta es convexa o cóncava, según se mire desde dentro o fuera de una tumba. A Hasmik le lloran los ojos incesantemente y, cuando me pregunto si será por el sol o por el tiempo, ella lo llama enfermedad. En verano pasa tanto tiempo en el cementerio que, cuando algún gesto la obliga a estirar la piel oscura, en su entrecejo surgen trazos blancos y verticales. Por lo menos tres. Flanqueada por un bastón y una hija, la anciana retoma la jornada laboral tras el almuerzo. Toma asiento sobre una de las piedras que se desparraman a la sombra de una pequeña capilla, junto a los cristales que los visitantes rompen de manera ritual para espantar al miedo. La abuela, con agujas de tejer y lana deslizándose por sus dedos, continúa tejiendo unos guantes marrones.

Con ochenta y tres años, Hasmik acude al cementerio todos los días del verano desde hace años. Aquí teje calcetines, gorros, guantes, todo aquello que la cordura impediría utilizar a cualquiera en verano en Armenia.

Hasmik, con voz temblorosa y ojos húmedos, comienza a cantar una canción que suena como suena un dolor tenue.

—¿De quién ha aprendido la canción? —trato de saber.

—Son canciones populares de nuestro tiempo. Ahora sólo cantan cosas como ven, te voy a querer; ven, te voy a besar. Mi marido era un cantante absoluto. Él me la enseñó. Cantábamos y bailábamos juntos. Hace tres años él se durmió y yo sigo aquí. Es que está en un mundo sin gas ni electricidad. ¡Cómo voy a querer ir! Que pongan electricidad y ya iré.

 

Fragmento de un texto incluido en ‘Heridas del viento’. El libro está a la venta en:

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Los rostros de ‘Heridas del viento’ (1): Laura

Silencios

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Durante los últimos meses, cada tarde, el viento se acelera en Ereván. No hay ropa tendida ni persona ligera lo bastante lejos del suelo. Y eso no es nada comparado con Laura. La anciana entra como un vendaval, corretea por el salón y la cocina. De cuclillas, mientras saca platos de un mueble, la llamo. Se gira sobre la mitad de las plantas de sus pies y su equilibrio no vacila lo más mínimo.

-Abuela, ¿cuántos años tiene?

No es necesario ver fotos de juventud de Laura para llegar a la conclusión de que su piel, en otro tiempo, debió de estar menos curtida y más blanca; de que el sol, durante décadas, ha sido un espejo en el que mirar y no ver nada. Su rostro ajado, su mirada lánguida y su sonrisa hastiada, componen el dibujo de una mujer cansada que corre.

-Ochenta.

 

Fragmento de ‘Heridas del viento’. A la venta en:

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Ha nacido ‘Heridas del viento’

Miscelánea

Hace algo más de dos años nació este blog, me fui a vivir a Armenia y empecé a escribir lo que quise que algún día fuese libro sin saber muy bien cómo se hacía eso. Me dediqué a viajar por el sur del Cáucaso, a escuchar y a escribir. Cuando me di cuenta, aquello ya tenía forma y título. Yo quería que aquel primer hijo tuviese un nombre escueto. Se llamaría ‘Voces’, como la parte que incluye varias historias sobre el genocidio armenio y otras tragedias del siglo XX que fueron moldeando al armenio de hoy.

Empecé a incluir, a modo de epígrafes, acepciones del DRAE que diesen un poco de sentido a los títulos de cada parte del libro: Silencios, Voces, Estelas y Líneas. Fue así como di con uno de esos poetas anónimos que encuentran refugio en los diccionarios. La  tercera acepción de ‘voz’, según la RAE, dice: “Sonido que forman algunas cosas inanimadas, heridas del viento o hiriendo en él”. Y entonces lo vi.

Lo de las granadas ya lo contaré otro día.

Por lo pronto, ‘Heridas del viento’ ya está a la venta en Amazon (aquí). Podéis leer el prólogo de Ander Izagirre pinchando la imagen de cubierta. No puedo dejar de aprovechar esta entrada para felicitar al prologuista: Ander acaba de ganar el Premio Europeo de Prensa. Quienes ya lo han leído dicen:

El libro Heridas del viento, de la periodista y antropóloga Virginia Mendoza, es como un mapa: nos guía a través de los minúsculos pueblos de Armenia para que no nos perdamos y nos traslada a sus carreteras secundarias para que conozcamos mejor a sus habitantes. Mendoza nos acerca a la historia de este país olvidado a través de relatos mínimos en los que el azar juega un papel importante, a partir de de textos íntimos que nos envuelven como si se tratara de los cuentos de Las mil y una noches. Álex Ayala Ugarte, periodista

 

A los que conocemos los lugares sagrados de Kor Virap, Geghard y los Jachkars nos atrapa su prosa haciéndonos revivir con más intensidad, si cabe, aquellas escapadas al embeleso ante el viejo monte Ararat con sus sempiternas barbas canas. A los que no han tenido la oportunidad, con solo la lectura se transportarán a la cima para contemplar no solo Erevan sino toda la cuna de la Humanidad. Jesús García Castrillo, lingüista

 

Mendoza se interesa por personas que se asoman a mundos extraños, personas que se mueven entre la investigación y la locura, el arte y el delirio, el estudio y la obsesión, y su respeto vuelve a ser fructífiero: en las historias que cualquiera descartaría por disparatadas, o que cualquiera caricaturizaría por extravagantes, ella encuentra pepitas de oro. Ander Izagirre, periodista

 

Es un libro difícil de clasificar porque es un reportaje periodístico, un cuaderno de viaje y un estudio antropológico a la vez. Una obra muy recomendable para quienes disfruten leyendo para aprender y conocer al Otro. Tania Baeza, periodista y coautora del blog ‘De lectura obligada’

 

He habilitado una nueva cuenta de correo para que, en caso de que no podáis comprar el libro online o lo queráis tener dedicado, contactéis conmigo y veamos la mejor manera de hacéroslo llegar, en persona o por correo: cuadernoarmenio@gmail.com.

Para comprar ‘Heridas del viento’:

-En Amazon.es

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-En CreateSpace

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El poeta que paró una batalla

Líneas

Imagen de Tumanyan que ilustra la cubierta de ‘Heridas del viento’ / Lucas Pérez Monsalvo – Naverey

Un día como hoy, en 1869, nació Hovhannes Tumanyan, el poeta que pone Rostro a la cubierta de ‘Heridas del viento’. Comparto un fragmento de la crónica ‘El bombardeo que parecía un juego` (incluida en del libro), en la que aparece el poeta de los armenios. 

En las inmediaciones de las fronteras ocurre lo mejor y lo peor del ser humano. Es ahí donde todo se funde o colapsa, donde se mezclan los idiomas y los rasgos, donde el odio adquiere las características de un ser vivo que nace y muere.

Las trampas del silencio

Voces

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Han pasado cien años desde que Arevaluys salió del Imperio Otomano, en brazos y escondiendo el dinero de sus abuelos en los zapatos. No me atrevería a decir que se salvó del genocidio armenio. El día que la conocí, en su casa de Ereván, algo se rompió dentro de mí. Sentada en su sofá, con la mirada perdida, la anciana deslizaba entre sus manos las cuentas de un rosario. A menudo tengo la impresión de que a las abuelas les alivia rezar el rosario porque así consiguen que pase el tiempo sin pensar en nada más.

Las señoras que hacen pan para atraer la paz (y a los turistas)

Huellas

Cualquiera que haya visitado Armenia las conoce. Son las abuelas que, a diario, exponen el pan ‘gata’ a la puerta del monasterio de Geghard. Viven en pueblos cercanos y elaboran el pan en el horno ‘tonir’ de sus casas. Tan típico es de esta zona, que muchos panes traen inscrito el nombre del monasterio, además de otros dibujos que muestran la faceta más artística de estas señoras panaderas, tan famosas entre los turistas.

Lápidas que resumen vidas (3)

El arte de contar historias en los cementerios armenios

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El Khojorni, al sur de Georgia, viven y mueren armenios, azerís y griegos. De sus tres cementerios, el más antiguo quedó dividido por una frontera.

Junto al cementerio armenio, un hombre pasea a dos enormes cerdos, algo habitual en el Cáucaso. Entre las tumbas, desde fuera del cementerio, destaca la imagen de un hombre que posa, en chándal, sentado sobre un banco.

Lápidas que resumen vidas (2)

El arte de contar historias en los cementerios armenios

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Una cita del poeta Hovhannes Tumanyan recibe a visitantes y a difuntos en el cementerio de Berdavan, una aldea armenia que limita con la frontera azerí. ‘Bendito el que viene al mundo y se va del mundo siendo humano, intachable’, reza el arco de entrada. Nos acompaña Venera, la maestra de física del colegio de Berdavan. Es una mujer menuda, de ojos tímidos, gafas de científica y barbilla prominente.

Lápidas que resumen vidas (1)

El arte de contar historias en los cementerios armenios

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Emi pasa los veranos tejiendo gorros de lana en el cementerio de Noratus. Desde que descubrió la llegada de turistas al cementerio, atraídos por los jachkars (las famosas cruces de piedra armenias), dejó de vender pescado en Ereván, un negocio que ya no le resultaba rentable. Así fue como comenzó a tejer y a vender gorros y guantes entre las lápidas del cementerio, una costumbre que adoptaron otras mujeres del pueblo.

Su barba, su revolución

Vidas

Larga o corta, la barba en el rostro del guerrillero constituye una especie de mensaje, el cual viene a decir que en ese momento solo importa la lucha…

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Al otro lado del objetivo. Allí está, al fin, Sasun Papik. El abuelo me mira fijamente, como si supiese que llevo un año intentando cruzarme con él o llevase un año esperándome en la Plaza de la Libertad de Ereván, con la misma pose que la estatua del poeta Tumanyan, sobre la que se apoya. Como si, aquí, hubiese sido asidero de la nieve y talud del deshielo desde los últimos coletazos de la Unión Soviética.

Yazidis: los adoradores del pavo real

Etnias

[El verano pasado conviví durante unos días con una familia yazidi semi-nómada en Armenia. Comparto algunos fragmentos de la crónica ‘Los adoradores del pavo real’, que explican, resumidamente, la curiosa amalgama de creencias por la que las persecuciones están derivando en un genocidio. Espero que sirva para aplacar prejuicios: ni son satánicos, ni celebran misas negras, ni perpetran sacrificios humanos. La historia completa aparece en ‘Heridas del viento‘. ]

La estrategia de ventas de unos monjes chocolateros que advirtió de un genocidio

Voces

Una estrategia de ventas, iniciada a finales del XIX por empresas chocolateras, se convirtió en moda y medio de denuncia. Las chocolateras habían empezado a incluir en sus tabletas cromos de distintas temáticas que presentaban en forma de serie y que, para algunos compradores, se convirtieron en piezas de coleccionista.

El matrimonio que celebra el aniversario de Khachaturian

Vidas

En el bajo del número 17 de la calle Khachaturian, en Yereván, una mano se agita insistentemente tras una ventana, como si, quien está al otro lado del cristal, supiese lo que hemos venido a buscar. Mediante gestos, nos decimos algo así como “hola, ¿podemos pasar?”; “venid, venid”. Vartush y Meruzhan nos llevan a un salón repleto de retratos y de pechos al descubierto pintados al óleo. No dejan de sonreír. Están felices. Este año, 111 años después del nacimiento del compositor armenio, nadie había venido todavía a celebrar con ellos el aniversario de Aram Khachaturian.

Survival

Voces

Texto original (en español), aquí

He never drank coffee. He has learned how to prepare it for one reason only: for her to have breakfast in bed every morning. He is a hundred and three. She doesn’t know when she was born. “I guess she’s either older or younger than me”, he says. When she starts to laugh out loud, he is already thinking about the next joke: “Sure her parents knew [when she was born]”. Four years of commitment and eighty laughing. “We couldn’t talk, because if we talked we had to kiss. Neither did she give me a kiss in four years. Not even one!” 

La amiga de las serpientes

Surcos

Fragmento de ‘Ecos de un terremoto: La vida entre ratas y serpientes’. Texto íntegro en Jot Down.

En verano abrasan y en invierno hielan. Cuando llueve, paraguas y cubos ocupan el reducido espacio de las domiks. El engaño comienza en el nombre: domik significa casita en ruso. Pero no son más que contenedores metálicos o chozas remendadas con distintos materiales. Tras el terremoto que sacudió el norte de Armenia en 1988, el Gobierno soviético prometió entregar casas reales al medio millón de supervivientes que perdieron sus hogares. Veinticinco años después, en los refugios temporales todavía sobreviven y conviven personas y ratas. La promesa, mantenida por los sucesivos Gobiernos tras la independencia de Armenia, ya dura un cuarto de siglo. Cuando las personas caen en el olvido, la vida sedentaria no siempre entiende de cimientos.

El niño que vino a acabar con todo

Vidas

Hola, me llamo Aleks y si llego a ser más bonito rompo la cámara. O algo. Soy el hermano de la niña que vino a terminar el mundo y he venido a acabar con todo. Tengo la impresión de que los bípedos intuyen mi estrategia y, cuando me acerco a la mesa, varios pares de manos enormes barren todo y platos, vasos y cubiertos acaban en en lado opuesto del mantel. Yo gateo por debajo de la mesa, salgo junto al sofá y, cuando me giro, todo ha vuelto a su sitio.

No olvidan

Fotografía, Lugares y momentos

Toda esta gente no se puso de acuerdo para subir a la vez al memorial de Tsitsernakaberd. Cada veinticuatro de abril, a cualquier hora, el camino que lleva al memorial del Genocidio Armenio de Yereván es casi intransitable.

Sobre la fortaleza de las golondrinas pequeñas y junto al Museo del Genocidio, se asienta un memorial de basalto compuesto por doce placas que representan las provincias que perdió Armenia y que ahora pertenecen a Turquía y una estela que representa el renacer del pueblo armenio. 

Un memorial oculto para un genocidio silenciado

Voces

En el centro de Baralet,  al sur de Georgia, ondea una bandera armenia. El pueblo se prepara para recordar a las víctimas del genocidio armenio, como cada 24 de abril. Esta vez es especial: noventa y nueve años han pasado desde que el gobierno de los Jóvenes Turcos iniciase las matanzas y deportaciones que acabaron con la vida de un millón y medio de armenios.

De Yereván a Moscú (Carta abierta a Daniel Utrilla)

Miscelánea

Querido Daniel:

No voy a hablar de lo genial que es tu libro porque a estas alturas ya debes de saberlo. Voy a hablar del vínculo que se crea entre el papel y las personas: entre ‘A Moscú sin kaláshnikov’ y yo. Porque esta es la parte que he solo he mencionado en mi reseña (la puedes leer aquí).

Hacia las entrañas del mundo

Vidas

El hombre que excavó un templo subterráneo para guardar patatas y salvar a la Humanidad

En el invierno de 1985, el hambre amenazaba a Arinj. Tosya hizo acopio de patatas para que la familia subsistiera durante meses. Pero necesitaba un lugar amplio y fresco en el que guardarlas. Levon eligió un punto exacto en el suelo de su casa  y clavó el cincel. Comenzó a excavar y no paró hasta que, veintitrés años después, su corazón le dijo basta y le dejó tumbado junto a la puerta.

El destino es lo de menos

Crónicas, Lugares y momentos, Periodismo

“Y si te llevo por un camino equivocado, es porque tú

así me lo has pedido desde el principio”

Armenia, Henrik Nordbrandt

Publicado en FronteraD

Las primeras gotas de un ensayo de diluvio humedecen una pequeña aldea armenia. Caminamos con la convicción de llegar a Ambert, una fortaleza levantada en el siglo séptimo. Da igual: caminamos. Suele ocurrir que en Armenia importa menos el destino que el trayecto y la distancia, por corta que sea en un país que los mapas prometen pequeño, siempre deviene eterna. Aquí las indicaciones son contingentes. No es que el extranjero se pierda con frecuencia: a menudo los armenios tampoco saben a dónde irán a parar, pero su optimismo circulatorio les lanza a la aventura. Tampoco es una percepción precipitada. Desde que vivo aquí hay un momento común a todos mis viajes dentro del país que sucede, como mínimo, una vez.

Pánico conservador contra el género

Periodismo, Reportajes

Imagen difundida por Facebook en la que se afirma que la ley defiende a los gais y desprotege a la familia tradicional

Reportaje publicado en Pikara Magazine

Tras cuatro años de retoques, cambios y rechazos, Armenia aprobó un proyecto de ley de igualdad en mayo de este año. La propuesta de ley sobre ‘Iguales Derechos y Oportunidades para Hombres y Mujeres’, trajo la oposición de clérigos y de grupos tradicionalistas que, desde entonces, se han manifestado en contra de la igualdad de género y de las que consideran sus consecuencias: homosexualidad, transexualidad y hasta pedofilia. Sin embargo, no fue hasta finales de agosto, una vez la alusión al género ya había sido eliminada ante tales presiones, cuando estos grupos alentaron una campaña de desinformación que a día de hoy ha convertido las cuestiones relativas a la igualdad de género y la homosexualidad en el centro del debate a nivel nacional.

Sobrevivir (II)

Crónicas, Periodismo, Voces, Voces de ahora, Voces del genocidio

(Viene de la primera parte)

Iskuhi prepara el khorovats, un plato tradicional armenio a base de verduras asadas en la barbacoa. Separa la piel de la berenjena con la ayuda de un pequeño cuchillo. Las yemas de sus dedos están ennegrecidas por lo que dejó el fuego. La piel transparente y manchada. Las venas tan azules que parecen transportar un mar profundo en vez de sangre. Los huesos buscan rasgar una superficie accidentada, como si sus manos hubiesen estado durante un siglo a remojo. Movses observa el proceso ensimismado.

Sacrificio en Geghard

Creencias, Fotografía, Huellas, Lugares y momentos, Notas, Tradiciones

Blanco, negro y con manchas amarillas. Es una bola de lana tricolor. Un cordero amarrado a una cuerda. Los niños saltan a su alrededor. Los corderos tienen que experimentar algún asomo de intuición, porque la bola tricolor se resiste a subir la cuesta que lleva al monasterio de Geghard (Kotayk), como si supiese hacia dónde va.

El escalador que renunció a la roca para protegerla

Crónicas, Periodismo

Fragmentos de “El escalador que renunció a la roca para protegerla”. El texto completo aparece en el número 32 de la revista chilena Escalando.

La primera vez que Mkhitar Mkhitaryan escaló era un niño de diez años encaramado en un poste del tendido eléctrico en Gyumri, una ciudad armenia arrasada por un terremoto. Esa era su montaña y la ascendía con la tranquilidad que da disponer de un par de horas de electricidad a la semana.

Lo de dentro y lo de fuera

Miscelánea, Notas
Imagen: Fernando Vicente

Imagen: Fernando Vicente

“Quizá para vivir dentro hay que vivir fuera”, dice Javier Cercas. Yo sólo siento o digo que pertenezco a esa cosa abstracta que llaman España cuando estoy fuera, entre otras cosas, porque no encuentro una razón para sentirme española en España y porque no me apetece dar la brasa a alguien que acabo de conocer explicándole por qué odio todas las banderas o por qué me asustan verbos como “pertenecer”. A un armenio le tengo que decir que soy española, pero no tengo la necesidad ni tiene sentido que haga lo mismo con alguien de Madrid, por ejemplo. Es como si le recordase que soy bípeda.

Sobrevivir

Voces

Él nunca bebía café. Ha aprendido a prepararlo por una sola razón: para que ella desayune en la cama cada mañana. Él tiene ciento tres años. Ella no sabe cuándo nació. “Supongo que es mayor o menor que yo”, dice él. Cuando ella empieza a reír a carcajadas, él ya está pensando la próxima broma: “seguro que sus padres lo sabían”. Cuatro años de compromiso y ochenta riendo. “No podíamos hablar porque si hablábamos nos teníamos que besar. Ni un beso me dio en cuatro años. ¡Ni uno!”

Por qué la “Barevolution” ahora sí sería viable

Opinión, Periodismo
Imagen tomada de la página oficial de Facebook de Raffi Hovanisian

Imagen tomada de la página oficial de Facebook de Raffi Hovanisian

Llegué a Armenia dos semanas antes de las elecciones presidenciales del pasado 18 de febrero. Según las estadísticas, el presidente de aquel momento y quien gobierna a día de hoy, Serzh Sargsyan, ganaría con casi el 80%. Escribí a las secciones internacionales de algunos medios españoles, no tanto por el hecho de que se celebrasen elecciones (sólo había que tirar de hemeroteca para ver el nulo interés que despertaba ese hecho) como de las posibles repercusiones de las cifras que aquí ya se barajaban. Si eres periodista y estás leyendo esto, seguro que conoces ese agujero negro al que van a parar los e-mails.

La niña que vino a terminar el mundo

Estelas

Sona dibuja soles a pares. “El mundo necesita más luz”, dice, mientras dibuja una casa y una familia. Una obra habitual a su edad que pasaría desapercibida si Sona no se tomase la licencia de dibujar dos soles sobre su casa. Tiene dos años y medio y una obsesión temprana, un horror vacui desaforado: siempre falta algo y está en su mano terminar todo lo que el mundo deja a medias.

El cañón de las palomas armenias

Crónicas, Fotografía, Lugares y momentos

Artículo publicado en FronteraD

Aghavnadzor, a las cuatro de la tarde, parece un pueblo fantasma. Sobre casas derruidas y camionetas Lada abandonadas flota uno de esos silencios que anuncian que algo está a punto de ocurrir. Es comparable a la quietud de las palomas justo antes de lanzarse estrepitosamente contra el aire. Aghavnadzor significa “el cañón de las palomas”; sin embargo, no vemos ni una. Junto a la aldea, un cauce seco cumple la función de vertedero. Vacas escuálidas custodian la entrada y el acceso, sin asfaltar y embarrado, resulta poco practicable para el pie haya olvidado las irregularidades de la naturaleza.

Arévalo y el culto al sol en la Armenia pagana

Huellas

Según la mitología armenia, Vahagn nació del fuego y “con soles en los ojos”.

Hace unos días visité a Arevaluys, una superviviente del genocidio armenio. Contaré su historia, pero no ahora. Tras publicar su foto en algunas redes sociales, el lingüista y escritor Jesús García Castrillo, que lleva tiempo al acecho de las conexiones entre los idiomas armenio, euskera y castellano, me escribió sospechando que acababa de llegar a una de sus “teselas”, como él las llama. Jesús me puso al día en un debate entre lingüistas, o más bien una laguna, para mí desconocida: el origen fonético de “Arévalo” (pueblo de Ávila y apellido), todavía difuso.

Molokans de Lermontovo y Fioletovo

Creencias, Fotografía, Huellas, Lugares y momentos

Los molokans son rusos cristianos que se negaron a aceptar la Iglesia Ortodoxa porque se oponen a la veneración de iconos. Perseguidos por Catalina II, tuvieron que huir de su país. Muchos de ellos llegaron al norte de Armenia, donde existieron 18 pueblos molokans de los que sólo quedan dos (Lermontovo y Fioletovo), aunque algunos molokans también viven en Yereván y en Vanadzor. Se les conoce así porque tienen prohibido probar el alcohol y porque antiguamente bebían leche de manera ritual los miércoles y los viernes (molokan significa “bebedor de leche”), a pesar de los ayunos impuestos por los ortodoxos.

Serj vs. Serzh: Respuesta sin respuestas

Voces, Voces de ahora

El presidente de Armenia, Serzh Sargsyan, respondió ayer a la carta abierta del cantante Serj Tankian (se puede leer en castellano en este enlace). En la misiva, publicada en su página web, el presidente armenio reconoce que es la hora del cambio y asegura estar convencido de que es el verdadero líder electo.

Serj Tankian pide al presidente armenio que disuelva el Parlamento

Voces, Voces de ahora

El cantante y activista político Serj Tankian ha escrito una carta al presidente armenio Serzh Sargsyan, con motivo de su reelección hace unos días. En la carta, el líder de System of a Down se hace eco de las denuncias de fraude que se suceden desde los últimos comicios presidenciales, celebrados el 18 de febrero y que han llevado a cientos de armenios a llenar las calles de Yereván y de otras ciudades bajo la consigna “barevolution“.

Trndez, la fiesta del fuego y del amor

Huellas

Todavía quedan cenizas de las hogueras que ardieron anoche, principalmente junto a las iglesias, pero también en algunas esquinas y patios. De un cable de la luz cuelga un enorme letrero a base de globos de colores que dice I love Anna y las calles están llenas de flores y de globos rojos. El 14 de febrero en Armenia es mucho más que el día de los enamorados. Es Tearnendarach, comúnmente conocido como Trndez (Candlemas o Misa de Velas), una fiesta de origen pagano que la Iglesia  Armenia se encargó de adoptar y adaptar al calendario cristiano, en la que se funden antiguas y nuevas costumbres.

El paraíso tras el último peldaño

Huellas

Este texto apareció publicado en Frontera D. Se puede leer pinchando aquí. 

Armenia esconde sus maravillas en las alturas; a menudo, tras una escalera. Aquí la belleza es recompensa y, en invierno, blanca y resbaladiza. El camino desde Yereván hacia el lago Seván, salpicado de jackhras y monasterios resume el sur armenio y explica que Mandelstam recuperase la inspiración tras cuatro años de sequía poética.

Las manos torpes y el tiempo en kilos

Miscelánea, Notas

Hace días que me miro las manos porque nunca sé qué hacer con ellas cuando me despido.  Sigo sin soportar las despedidas: han pasado de darme pena a darme pena y ponerme nerviosa. También hace días que sueño con tsunamis. Olas gigantes rompen en mi cabeza mientras yo me quedo quieta. Luego nado torpemente y me despierto. Otras veces una enorme cascada me arrolla cuando intento subir una montaña y, una vez en el valle y más terca que Sísifo, vuelvo a subir. Despierto antes de volver a caer.

Voces del genocidio (2)

Voces, Voces del genocidio

Genocidio armenio

El siglo XX fue esa enorme mancha de la Humanidad que “será recordada como el siglo de los campos”. En Los campos de la muerte (Salvat, 2001), los historiadores Joël Kotek y Pierre Rigoulot recorren minuciosamente la historia de un siglo de deportaciones y exterminios en un libro que nunca debió ser tan extenso. El quinto capítulo (pps. 115-135) está dedicado al genocidio armenio.

The Elderly and War

Before departure

Miscelánea, Notas

Los perros que se pelean contra ellos,

se unen contra los lobos

(proverbio armenio)

21 de mayo de 2012

Buscamos un lugar donde tomar café. Parecemos adolescentes indecisos y el azar nos lleva a un bar ilicitano donde hacen kebabs. Mi experiencia con los bares que hacen tanto dürüms como cafés no es buena desde aquel solo en vaso de 225 ml., hecho en el infierno, derramándose por el borde y sin azúcar, en un kebab de Auschwitz en el que sonaba esta canción.